In 2019, Esterio Segura began developing The right not to say what I think, a project that articulates its discourse through the redefinition of the book object. It is the translation of Ernest Hemingway’s iceberg theory into the language of visual arts. In these works, what remains hidden, what remains enclosed in the pages of the book, subverts the idea of “closed work” by multiplying interpretive possibilities through a mechanism in which the viewer fills in the information gaps with their own compendium of human rights.
The project is divided into nine parts, each belonging to a language or culture that has played a rele- vant role in the history of mankind: Spanish, English, Russian, Chinese, French, Hindi, Egyptian, Hebrew and Braille. Each of these volumes will differ from the others in the materials used. The objective, both through the texts and through the formal and style elements, is to make cultural adaptations, as opposed to the mere linguistic translation of the list of rights. In this case, the artist assumes a position of respect for otherness that seeks to find the specific while establishing communicating vessels between one civilization and another.
The treatment of the topic of human rights is assumed from a playful and, in many cases, ironic pers- pective. This element, in turn, configures a curious power relationship in the different places where the pieces are exhibited, whether in the gallery space through a reflection on the art institution, or in the culture in which the work is displayed. inserted and with whom he dialogues. Although the opposition between what is shown and what is hidden, between the physical and the immaterial, runs throughout this project, in the pieces made in braille this contrast is more radical and can be read as a kind of metaphor for the political and historical dynamics of contemporary Cuba.
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EL DERECHO A NO DECIR LO QUE PIENSO
En 2019, Esterio Segura comenzó a desarrollar El derecho a no decir lo que pienso, un proyecto que articula su discurso a partir de la resignificación del objeto libro. Es la traducción al lenguaje de las artes visuales de la teoría del iceberg de Ernest Hemingway. En estas obras, aquello que permanece escondido, lo que queda encerrado en las páginas del libro, permite subvertir la idea de “obra cerrada” al multiplicar las posibilidades interpretativas mediante un mecanismo en el que es el espectador quien llena los vacíos de información con su propio compendio de derechos humanos.
El proyecto está dividido en nueve partes, cada una de las cuales pertenece a un idioma o cultura que ha desempeñado un papel relevante en la historia de la humanidad: castellano, inglés, ruso, chino, francés, hindi, egipcio, hebreo y braille. Cada uno de estos volúmenes se diferenciará de los demás por los materiales empleados. El objetivo, tanto a través de los textos como a través de los elementos formales y de estilo, es realizar adaptaciones culturales, en oposición a la mera traducción lingüística de la lista de derechos. En este caso, el artista asume una posición de respeto hacia la otredad que busca lo específico, a la vez que establece vasos comunicantes entre una civilización y otra.
El tema de los derechos humanos se aborda desde una perspectiva lúdica y, en muchos casos, irónica. Este elemento configura, a su vez, una curiosa relación de poder en los disímiles lugares donde las piezas son exhibidas, ya sea en el espacio de la galería, a través de una reflexión sobre la institución del arte, o en la cultura en la que la obra se inserta y con la que dialoga. Si bien la oposición entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo físico y lo inmaterial, resulta extensiva a todo este proyecto; en aquellas piezas realizadas en braille, este contraste es más radical y puede asumirse como una especie de metáfora acerca de las dinámicas políticas e históricas de la Cuba contemporánea.








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